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27 de enero de 2023
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Se busca un Macron mexicano

Emmanuel Macron será el próximo presidente de Francia y asume el poder cargado de un simbolismo que trasciende las fronteras francesas: la esperanza de tender puentes que unan extremos; de darle un ultimátum a las viejas formas de hacer política; de construir en vez de destruir.

Vaya carga la del joven político galo que se convirtió en la opción de los electores que despreciaron a los partidos tradicionales o a opciones más radicales de populismo o radicalismo en cualquiera de sus sentidos.

No estará solo, porque su triunfo fortalece la posición de Angela Merkel y de Alemania como el contrapeso europeo frente a nuevas definiciones geopolíticas que tienen también como fieles de la balanza a Rusia, China y Estados Unidos.

En fin, parece que la Unión Europea sobrevivirá y se fortalecerá, creo yo que para bien del mundo. El triunfo de Macron es un tanque de oxígeno para la visión evolutiva de la Humanidad, tentada a regresar a modelos que no funcionaron.

México no es ajeno a ello. Como en Francia este domingo, dentro de poco más de un año los mexicanos enfrentaremos nuestro destino en las urnas.

Y nuestro país parece actualmente el mundo al revés, con un ambiente social muy enrarecido; un presidente con bajísimos niveles de aceptación; escándalos de corrupción e impunidad a los que –aunque vergonzosos- pareciera que nos estamos acostumbrando; partidos políticos hundidos en el desprestigio, por no decir el desprecio generalizado. En fin, desesperanza y desazón.

Nuestro querido México está como volteado de cabeza: el robo y la violencia parecen encontrar justificación en la pobreza de sus protagonistas; los surcos en la tierra no son para sembrar sino para ordeñar; algunas mujeres que defienden la equidad de género se vuelven misóginas sin darse cuenta; confundimos justicia con venganza y la generalización aniquila la argumentación.

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Sí, el mundo al revés donde exgobernadores están prófugos o en cárceles del extranjero; donde los políticos brincan de un partido a otro sin ningún pudor y según la conveniencia coyuntural; donde el único candidato presidencial definido convoca a la unidad de aquellas izquierdas a las que –soberbio- despreció hace unos cuantos meses; donde se culpa a nuestra máxima casa de estudios de un lamentable crimen que lo mismo politizan los grillos profesionales que los movimientos feministas.

El mundo al revés en donde la oposición se destruye intramuros, en vez de proyectarse sólida a la batalla electoral que se avecina. Sí, el México donde para unos la culpa de todo es de la mafia del poder y para otros del propio caudillo populista; donde el partido en el gobierno parece desdibujado y resignado al rechazo popular.

Aunque ni siquiera están definidos los candidatos –sólo uno es seguro que aparezca en las boletas electorales- los mexicanos enfrentamos un dilema parecido al de nuestros vecinos del norte que optaron por una salida fácil que muchos ya están lamentando a escasos 100 días de tomarla.

En Estados Unidos Donald Trump inició su ascenso como una broma de mal gusto y llegó a la Casa Blanca. En Francia, era muy probable que ganara la ultraderecha radical y apareció un joven fresco, sin partido, con un nuevo discurso.

¿Aparecerá una figura así en México?

Parece que hay poco tiempo.

Pero mientras tanto, puede generalizarse un hashtag #SeBuscaunMacronMexicano

Porque hasta ahora las opciones visibles no parecen las mejores.