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30 de enero de 2023
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Perspectivas l Reforma fiscal indispensable el próximo sexenio

El presupuesto de ingresos de la Federación para 2018 revela con claridad tres cosas: la primera, que México ha dejado de financiar su gasto con petróleo; la segunda, que el precario equilibrio que hoy se tiene en las finanzas públicas es insostenible, y tercera, que el siguiente gobierno no tendrá otra salida que realizar una profunda reforma fiscal que abarque ingresos y gastos.

El próximo año, 54.7 centavos de cada peso de ingreso vendrán por el cobro del Impuesto Sobre la Renta y del Impuesto al Valor Agregado y del IEPS; Pemex sólo aportará 7.9 centavos de cada peso y la deuda, 9.6 centavos de cada peso de ingresos.

Por el lado del gasto, las pensiones y los intereses de la deuda llegan ya a 28% del total y muestran un crecimiento más acelerado que los ingresos.

El país ha avanzado en la dirección correcta para financiar su gasto, esencialmente con ingresos, aunque la caída en los precios y la producción petrolera lo resolvieron por el expediente fácil del endeudamiento.

Hay también un elemento que destaca: la parte fundamental de los ingresos, 29.8 centavos, viene del Impuesto Sobre la Renta, mientras que 16.7 se recaudan por IVA, contrario a la tendencia mundial de recaudar más por consumo que sobre la renta.

El año próximo se ejercerá el mayor gasto en la historia del país, 5.2 billones de pesos, aunque hay que considerar que creció debido a la inflación.

Es claro que en los próximos años el gasto aumentará y que las vías para financiarlo no están ni en la deuda ni en el petróleo, sino en una verdadera y profunda reforma fiscal que abarque los ingresos y los egresos.

Por el lado de los ingresos, es casi inevitable que una reforma signifique un IVA generalizado, aún con canastas de excepción, y por el lado del gasto, una revisión que conduzca a un presupuesto por programas y que recorte el enorme desperdicio que tiene hoy por hoy de gasto de la Federación.

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Y, además, hay gastos que sencillamente no se pueden cortar y porque están subiendo más que los ingresos.

Los dos fantasmas son el costo financiero de la deuda y las pensiones, que representan 28 centavos de cada peso de gasto, 1.4 billones de pesos. Estos dos rubros crecen aceleradamente. En 2012, significan 18.7% del gasto total y para 2018 serán más de la cuarta parte.

El costo financiero de la deuda, 663 mil 400 millones de pesos, es más que el gasto en educación, salud y programas sociales y crece 10.6% para el año próximo. Y las pensiones llegarán a 793 mil 700 millones de pesos con un crecimiento de 5.2 por ciento.

Es decir, hay que hacer crecer los ingresos, porque estos dos rubros se comen cada vez una mayor parte del gasto.

El único camino es crecer los ingresos vía una reforma tributaria, en la que el impuesto al consumo debe jugar la mayor parte; al mismo tiempo, aceptar que se necesita meterle mano al presupuesto para disminuir los enormes desperdicios que en éste existen y ampliar de margen de maniobra de gobierno.

Hoy se tienen finanzas públicas en un equilibrio muy precario, pero este equilibrio es insostenible en los próximos años.

Casi podría decirse que el próximo gobierno debe estrenarse con una profunda reforma fiscal.

Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.