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#HistoriasDeMigrantes | Jorge Alberto Escobar: Mi plan era quedarme cuatro o cinco años

Como muchos otros migrantes, Jorge Alberto Escobar planeó irse a Estados Unidos un par de años y volver a su tierra; no se imaginaba que haría toda una vida en otro país

Durante su vida en Estados Unidos, Jorge Alberto Escobar Reséndiz aprendió varios oficios. | Foto: Especial
Durante su vida en Estados Unidos, Jorge Alberto Escobar Reséndiz aprendió varios oficios. | Foto: Especial
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Jorge Alberto Escobar Reséndiz es un migrante mexicano que llegó a Estados Unidos a inicios de 2000. Su idea era quedarse cuatro o cinco años, construir una casa en su tierra, poner una tienda y vivir una vida como la de sus padres; sin embargo, su plan terminó siendo muy distinto.

Originario de La Estancia, un pueblo ubicado en San Juan del Río, Querétaro, Jorge cuenta que llegó por primera vez a EE.UU. a los 16 años, nada más terminar la secundaria.

“En primera, era la aventura; quise entrar a la prepa, pero se me hizo algo difícil y me vine para acá”, comentó Jorge.

Después de pasar aproximadamente un año en EE.UU. Jorge decidió regresar a su tierra, pues fue difícil acostumbrarse a la vida del otro lado.

Sin embargo, poco tiempo después de volver a México, tuvo una hija con su novia. Como el dinero no alcanzaba y ya había “probado el norte”, decidió ahorrar y cruzar la frontera una vez más, pero en esta ocasión junto a su esposa y su hija.

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En la búsqueda del sueño americano

Gracias a su experiencia previa en Estados Unidos, Jorge Alberto Escobar decidió establecerse junto a su familia en Carolina del Norte y retomar su trabajo sembrando pinos.

A diferencia de la primera vez que vivió en la Unión Americana, cuando tuvo varios empleos, el migrante sabía qué hacer; desafortunadamente, perdió su trabajo y pasó varios meses sin encontrar otro.

“Pasé seis meses sin trabajar, con la deuda del coyote. Mi esposa tuvo que empezar a trabajar en una fábrica”.

Poco tiempo después, Jorge consiguió empleo y esto los mantuvo estables hasta que se volvieron a embarazar.

Como muchas otras personas recién llegadas al país, Jorge y su esposa rentaban junto a nueve personas.

“Queríamos rentar una casa para nosotros, pero no nos alcanzaba el sueldo para podernos salir; a veces, muchas personas allá (en México) piensan que nosotros aquí vivimos bien, pero tenemos que pagar renta, teléfono, luz, el carro, o sea, sí ganas bien, pero, cuando volteas a ver tu cheque, te queda para un helado o irte a caminar”.

El apoyo hace la diferencia

Jorge desconocía que, por aquel entonces, la renta de una casa estaba en 600 dólares; él pagaba 400. Fue así como un amigo lo convenció de independizarse y le rentó un tráiler para que empezara a hacerse una vida junto a su familia.

A pesar de tener suficiente espacio para vivir y una fuente de ingresos estable, Jorge comenzaba a descuidar a su familia. A esto se sumaba que, por su estatus migratorio, su jefe no le aumentaba el salario.

“Eres indocumentado. ¿Quién te va a dar trabajo?”

Afortunadamente, uno de sus compañeros, al que Jorge más tarde se referiría como su papá, le ofreció otro trabajo a medio tiempo. Ahora tuvo que aprender a hacer pisos de madera, islas de cocina y demás artículos de madera.

Actualmente, Jorge tiene 12 años dedicándose a lo mismo; su jefe lo trata bien, aunque, desafortunadamente, no ha podido arreglar sus papeles.

Gracias a este trabajo, Jorge Alberto Escobar comenzó a hacer tablas para picar y, lo que inició como un pasatiempo, terminó como un negocio familiar.

Jorge decidió aprovechar la madera sobrante y elaborar tablas de picar.

Esto fue porque decidió darle uso a los restos de madera que sobraban del trabajo. Al inicio, regalaba sus tablas a amigos; sin embargo, una amiga le insistió que hiciera su negocio y vendiera su trabajo.

Desafortunadamente, con la pandemia se cayó el trabajo y se quedaron con mucho producto; pero, una vez más, gracias al apoyo de sus amigos, pudo sacar a flote su negocio.

Es por todo esto que Jorge dice que, a pesar de todas las oportunidades, es gracias al apoyo de las personas que ha conocido que ha podido salir adelante.

El día a día de Jorge Alberto Escobar

Fue así como su plan original de irse cuatro o cinco años a Estados Unidos terminó en una casa, hijos en la universidad y su propio negocio.

Sin embargo, es consciente de que su estatus migratorio no le da ninguna garantía. Este paisano quiere asegurarse un futuro en México y no regresar con las manos vacías.

Además, y pese a todo lo que ha conseguido en Carolina del Norte, extraña su vida en Querétaro.

“Vi otro mundo de chamaco”, comentó y agregó que cosas como la sazón de mamá, la visita a la familia o hasta caminar por el pueblo son cosas que se añoran y que le gustaría volver a vivir.